Se caracteriza por líneas que se convierten en espirales, colores fuertes, el uso recurrente de la simetría, efectos tridimensionales mediante sombras y perspectivas; y un uso sobrecargado de la superficie. Su repertorio decorativo incluye principalmente estilizaciones de hojas, animales, cornucopias, flores, banderines, y piedras preciosas, con el agregado de ilustraciones de paisajes, naturalezas muertas, símbolos gauchescos, patrios y religiosos; y el retrato de algún ídolo popular o imagen religiosa.
Generalmente se incluyen dentro de la obra, frases ingeniosas, refranes poéticos o aforismos chistosos, emocionales o filosóficos, escritos a veces en lunfardo y con letras ornamentadas, generalmente góticas o cursivas.
Muchos de sus iniciadores formaban parte de las familias de inmigrantes europeos y algunos elementos artísticos traídos por ellos se combinaron con los del acervo criollo, creando un estilo típicamente argentino.
Con el tiempo, al ir desapareciendo los carros a caballo, el fileteado se propagó a los camiones y luego a los colectivos.
En 1970 se organiza la primera exposición del filete. A partir de este acontecimiento el fileteado dejó de verse como una simple artesanía que servía solo como un sencillo ornamento para carro o camión, y se le dio una mayor jerarquía, reconociéndoselo como un arte de la ciudad, que desde entonces se extendió a todo tipo de superficies y objetos.